martes, 20 de febrero de 2007

ANDALUCIA. UN PAIS CON HISTORIA: GÉNESIS Y DESARROLLO DE LA CONCIENCIA NACIONAL ANDALUZA.


Fuente: Nación Andaluza

3.1. Contexto socio-económico.

Durante la primera mitad del XIX empiezan a establecerse en Andalucía, no sin fuertes resistencias y con grandes deficiencias y limitaciones, las bases económicas y políticas del liberalismo y del capitalismo, que con el tiempo terminarían por configurar una situación de relaciones sociales y de producción tales que propiciarían la germinación de violentas luchas de clases. Durante todo el siglo, Andalucía se convertiría para el Estado y para la oligarquía que lo sustentaba en la comunidad más conflictiva y problemática.
En el caso concreto del campo andaluz, la política gubernamental de desarmortizaciones canoniza la propiedad privada de la tierra y el latifundismo. Es a partir de ahora cuando se va a plasmar de forma más fehaciente la Andalucía de la miseria y marginación de los jornaleros y la de sus permanentes y radicalizadas luchas por la tierra, y que serán un fuerte marcador de la identidad andaluza.
A partir de la segunda mitad del XIX, a Andalucía se le asigna (dentro de la lógica capitalista de la división territorial del trabajo) la función de suministradora de materias primas, tanto materiales, humanas como financieras. La asignación de este papel dependiente, generador de subdesarrollo y que supuso un golpe mortal al incipiente proceso industrializador que venía dándose desde hacía algún tiempo en algunas comarcas andaluzas, es decidida de común acuerdo por la gran burguesía terrateniente de ámbito andaluz y las demás grandes burguesías del resto del Estado que pusieron a su servicio conjunto un aparato estatal capitalista, centralista y represivo.
Durante el siglo XX, a medida que el capitalismo de obediencia estatal se va fusionando y supeditando más a los grandes centros del capitalismo mundial, el papel dependiente asignado a Andalucía se acentúa, quedando los diversos sectores productivos de nuestra maltrecha economía sometidos al rigor de los cíclicos procesos de acumulación y reestructuración del sistema del gran capital multinacional.
Es ésta, la de los siglos XIX-XX, toda una época marcada por la lucha de clases, por las luchas y resistencias populares contra los sucesivos ataques provenientes del Capital, y donde el Ejército , la Guardia Civil y la Policía española han sido y continúan siendo piezas claves para el desarrollo concreto del injusto modelo socioeconómico impuesto al Pueblo Trabajador Andaluz.

3.2. El despertar andaluz.

Los primeros elementos que anuncian la génesis de la conciencia nacional andaluza se expresaron y desarrollaron de forma un tanto imprecisa a través de un serie de movimientos populares y de insurrecciones socio-políticas. 1835, 1857, 1861, 1868, son fechas en las que el Pueblo andaluz se ha organizado instintivamente en un proceso de resistencia frente al centralismo y frente a un orden socioeconómico injusto.
En el segundo tercio del XIX, ciertos sectores dela incipiente pequeña burguesía urbana andaluza (liberales progresistas) al entender que a través del espacio institucional vigente su ideario político no tenía posibilidad alguna de prosperar, deciden manifestar su quehacer político a través de las denominadas "Juntas Revolucionarias". Este movimiento juntista intenta forzar una clara ruptura con las estructuras heredadas del régimen político anterior y para ello están dispuestos a dirigir una fuerte oposición, incluso armada, contra el gobierno central. En este movimiento, no exento de grandes y lógicas contradicciones, se producen un par de fenómenos altamente significativos. Por un lado, propugnaban que cada provincia andaluza decidiese su propio autogobierno y por otro, simultáneamente, su confederación, y todo ello mostrando un claro sentido de la unidad de Andalucía y de su soberanía.
A partir de la segunda mitad del XIX, el despertar andaluz se manifiesta bajo una perspectiva progresista y demócrata que reclama la descentralización y adopta generalmente el federalismo radical como bandera de sus reivindicaciones. A partir de 1856 la oposición al gobierno se convierte en oposición a la corona española y al modelo socioeconómico que representa. En el verano de 1857 estalla en la provincia de Sevilla (Utrera, Arahal, Morón, Sierra Sur) una amplia insurrección popular comandada por Caro y con una notable presencia de jóvenes artesanos y estudiantes, así como de jornaleros. Se ocupan fincas, se quema el cuartel de la Guardia Civil de Utrera y se destruyen registros de la propiedad. Las autoridades civiles y militares desatarían una sangrienta y cruel represión. Hubo más de cien muertos y alrededor de trescientos presos.
En el verano de 1861 se vuelven a reproducir las sublevaciones de caracter socio-político en tierras andaluzas. El 29 de Junio seis mil campesinos armados comandados por Pérez del Álamo, en claro desafío al poder establecido ocupan durante una semana el pueblo de Loja hasta que son dispersados por fuerzas militares del general Serrano. La insurrección se había iniciado en Mollina. En Iznajar los alzados ocuparon el cuartel del la Guardia Civil. Estos acontecimientos, que tuvieron gran resonancia en toda Andalucía, acentuaron el descrédito y desprestigio dela monarquía española y de sus gobiernos.
El 4 de Diciembre de 1868, en Cádiz, como respuesta a la frustración provocada por la "revolución burguesa" de septiembre, y en reivindicación de justicia social y mayores libertades, se inicia la denominada "Insurrección de las Barricadas" impulsada por el movimiento republicano-federalista radical. Posteriormente se extiende por Puerto de Santa María, Jerez, Sevilla, Málaga... Las acciones del movimiento insurreccional andaluz continuarán prácticamente durante todo el 1869 y abarcando casi toda Andalucía. La situación extrema que padecen las clases populares hacen que sus luchas también sean extremas: partidas armadas, ocupación de pueblos y fincas, contribuciones de guerra, requisas, sabotajes, etc.. Y una vez más la represión. El poder central español como respuesta a las ansias de libertad del Pueblo Andaluz desencadenaría una genocida represión que ocasionó alrededor de tres mil muertos y miles de represaliados.

3.3. Primera toma de conciencia de la etnicidad andaluza.

El "nacionalismo histórico" en Andalucía tiene su primer antecedente en el movimiento republicano-federalista andaluz. En 1873, en una época marcada por fuertes tensiones sociales, se da la primera manifestación política incipientemente nacionalista en Andalucía. Es la conocida como Revolución Cantonalista.
El 19 de Julio de 1873 se iniciaba en territorio andaluz una amplia insurrección cantonalista dirigida por el movimiento republicano federalista radical. Este movimiento se oponía al estado centralista, ya tuviese éste forma de monarquía o república, cuestionaba las teorías del Estado federal unitario de Pi y Margall y propugnaba la inmediata formación de estados confederados así como reformas sociales de carácter progresista. Y como forma de presionar al gobierno central se sublevan con ámplio respaldo popular en ciudades y pueblos proclamando cantones autónomos y autogestionarios federados en un ente soberano andaluz. El 21 de Julio proclaman en un manifiesto que "...en Despeñaperros, histórico e inexpugnable baluarte de la libertad, se levantó ayer la bandera de independencia del Estado andaluz. Interin se constituyen los cantones del Estado andaluz..." A primeros de Agosto la insurrección era sofocada por las tropas del general Pavía.
Pero es diez años más tarde cuando el movimiento republicano-federalista andaluz, ya muy en declive, alcanza una expresión más claramente nacionalista. En 1883 se celebraba en Antequera una asamblea del Partido Republicano Demócrata Federal donde Carlos Saornill, diputado por Alora, presentaba un proyecto de constitución federal de los cantones andaluces que implicaba un nuevo marco de relaciones Andalucía- Estado español. Un texto que en realidad era la plasmación teórica de medio siglo de lucha andaluza contra la monarquía, el centralismo y el colonialismo con que se oprimía a Andalucía. En muchos aspectos la formulación aprobada en la Asamblea de Antequera, impregnada del espíritu dela Revolución Cantonalista, y donde se expresaba la soberanía del Pueblo Andaluz y se trasluce la afirmación política de Andalucía como nación, es mucho más avanzada que las proclamadas posteriormente en los diversos textos autonomistas, incluido el que actualmente articula nuestras relaciones con el Estado español.
De forma paralela al movimiento político, surgió una corriente de promoción e investigación de las diversas manifestaciones propias del Pueblo Andaluz y que realizará los primeros análisis y definiciones científicas de la identidad étnico-cultural andaluza. A esa corriente investigadora están adscritos intelectuales como Antonio Machado y Nuñez, historiador e impulsor de la Revista Mensual (1869) y de la Sociedad de Antropología (1871); Antonio Machado y Alvarez "Demófilo", fundador de la sociedad El Folkore Andaluz (1881); Manuel Salas y Ferré, historiador y antropólogo, impulsor del Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla (1886); y Alejandro Guichot entre otros.
Lamentablemente, y pese a la importante actividad desarrollada durante algunas décadas por los movimientos político y cultural anteriormente citados, estos languidecieron ya a puertas del siglo XX y Andalucía, en palabras del antropólogo Isidoro Moreno, "no pudo acabar de traducir a términos políticos su propia y especifica identidad objetiva y ni siquiera ésta quedó explícita en la conciencia de la gran mayoría de los andaluces". Muy diversos y complejos son los factores que incidieron en todo ello.
Por un lado ambos movimientos prácticamente no llegaron a conectar entre si. Aunque la base social del movimiento político coincidía con los sectores sociales a los que pertencecían los intelectuales progresistas, estos últimos tenían unos posicionamientos políticos contradictorios y poco orientados a las reivindicaciones andaluzas de autogobierno, ya que estaban muy influidos por el idealismo Krausista y otras corrientes ideológicas del liberalismo que defendían las teorías del Estado-nación.
Por otro lado, la base social del anteriormente potente movimiento republicano-federalista era fundamentalmente la pequeña burguesía urbana, muy minoritaria y con muy poco peso específico, por lo que este movimiento político poco a poco se fue desgastando y ya para 1883 ejercía muy poca influencia en el conjunto de la sociedad andaluza. El respaldo recibido antaño de los sectores más combativos del movimiento obrero fue desapareciendo paulatinamente. El proletariado se concentró en las luchas sociales inmediatas más apremiantes y empezó a estar cada vez más permeabilizado por las ideologías anarquistas y socialistas poco amigas de reivindicaciones nacionalistas.
A su vez, otro factor de suma importancia que incidió en este proceso de desgaste fue la fuerte hostilidad mostrada contra estos movimientos por la gran burguesía de ámbito andaluz, dado que ésta asumía a nivel ideológico, para defensa de sus privilegios e intereses económicos, las bases más reaccionarias del nacionalismo estatalista español.
En definitiva, muy difícil por tanto que pudiera cristalizar un movimiento nacionalista andaluz en unas coordenadas donde los diversos elementos nacionales (políticos, culturales y sociales) caminaban paralelos, sin apenas puntos de intersección, sin apenas conexión directa alguna. Las estructuras opresoras del poder establecido se encargarían del resto.
No obstante, y a apesar de esos obstáculos, la primera toma de conciencia de la existencia de Andalucía como nación, aunque de forma minoritaria, se había producido ya. Se había colocado el primer escalón en el proceso de desarrollo de la conciencia nacional andaluza.

3.4. El nacionalismo histórico.

A partir de 1910 aparece en escena un nuevo movimiento político-cultural andaluz, que no llegaría a constituirse en organización política, de carácter progresista pero ambiguo y contradictorio, liderado entre otros por Blas Infante y que a través de los Centros andaluces se encargará de difundir su ideario andalucista.
Sólo en una ocasión, en la Asamblea de Córdoba en 1919, coincidiendo con la radicalización de las luchas sociales del denominado "trienio bolchevique andaluz", el movimiento andalucista se define sin ambigüedades ni incoherencias como netamente nacionalista y de izquierdas. Pero nuevamente el enemigo entra en acción. La represión de la dictadura primo-riverista provoca que se reproduzcan las contradicciones ideológicas y políticas en el seno del andalucismo militante.
Con el advenimiento de la II República tomó nuevamente relativo dinamismo el movimiento andalucista y en 1931, en la presentación de su candidatura a las elecciones , proclama la necesidad de establecer una República Andaluza o Estado Libre de Andalucía, lo que provocó duras e irracionales reacciones por parte del poder y de los sectores más ultras del nacionalismo estatalista español.
A partir de ahí, los Centros Andaluces se convierten en Juntas Liberalistas que centrarán su actividad principalmente en la política autonomista y en la Reforma Agraria.
El levantamiento militar fascista español de Julio de 1936 acaba con todas las aspiraciones reformistas del movimiento andalucista y con la vida de su principal impulsor. Blas Infante es asesinado en la madrugada del 10 al 11 de Agosto d ese mismo año en Sevilla. Otros muchos militantes andalucistas corrieron la misma suerte. Otros, como Emilio Lemos Ortega, tuvieron que exilarse. La intransigencia y la brutalidad inquisitorial del nacionalismo estatalista español, al más puro estilo de los Reyes Católicos, impone la "sagrada unidad de España" a sangre y fuego.
3.5. De la imposición franquista a la imposición borbónica.
Los poderes fácticos del Estado deciden en 1936 promover un levantamiento militar de carácter fascista al ver peligrar su modelo de Estado unitario y centralista así como sus privilegios e intereses económicos. Con la dictadura franquista se impone el terror generalizado. Andalucía quedará estigmatizada por la represión y la miseria.
El más rígido oscurantismo invadió los centros de enseñanza y la concepción de la filosofía, la historia o la literatura fue distorsionada y nuestra cultura sometida a un duro proceso de adulteración y alienación.
Una vez agotada políticamente la vía del régimen franquista los poderes fácticos del Estado apuestan, de forma maquiavélica, por la opción seudo-democrática de la monarquía constitucional, que imponen una vez muerto el dictador, y que les permite perpetuar sus estructuras de poder. Una perfeccionada red militar coercitiva así como una moderna política de intoxicación ideológica les facilita ese proceso. Proceso que cuenta además con el apoyo cómplice de la mayor parte de los partidos políticos regionalistas y estatales, así como por organismos sociales afines.
3.6. Hacia la generalización de la conciencia de identidad.
El Estado opresor español, obsesionado en el intento de consolidación de su engendro de "nación española", se caracteriza, tanto en el franquismo como en la monarquía juancarlista, por el ataque minucioso y sistemático contra el carácter nacional del Pueblo Andaluz. Pero a pesar de las agresiones, no logra acabar con la identidad andaluza. Ya a finales de los 60, nuestro Pueblo empieza, de forma generalizada, a tomar conciencia de ella, y ese proceso es rubricado con las impresionantes y multitudinarias manifestaciones del 4 de Diciembre de 1977 en lo que vendría a ser, como una expresión de reafirmación nacional, el primer día nacional de Andalucía.
A partir de ese momento, el denominado "nuevo nacionalismo" se convierte para los sectores más concienciados del Pueblo Andaluz en imprescindible instrumento de liberación. Dentro de ese contexto surge NACIÓN ANDALUZA, que se marca como objetivos conseguir el Derecho de Autodeterminación y la Independencia para Andalucía así como un modelo social y económico radicalmente nuevo y distinto al capitalista.

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