miércoles, 7 de febrero de 2007

LA CONSTITUCION DE ANTEQUERA. ESTUDIO TEORICO-CRITICO


Autor: Jose Acosta Sanchez
Edición: Fundación Blas Infante. 1983











INTRODUCCIÓN TEÓRICA Y CRÍTICA A LA CONSTITUCIÓN DE ANTEQUERA.
DEMOCRACIA, FEDERALISMO y ANDALUCISMO

El Proyecto de Constitución para Andalucía presentado en la Asamblea de Antequera de 1883 es un importante punto de referencia en una línea que atraviesa dramáticamente el siglo XIX andaluz: la del federalismo, que constituye una de las más ricas vetas de la identidad andaluza contemporánea. Cuando Antonio Pedregal, viejo militante y antiguo diputado republicano por el distrito de Marchena, afirma en la asamblea de Zaragoza, de 1883, que «en cada piedra de Andalucía hay sangre de federales» (1), no viene a subrayar más que el extenso drama del federalismo andaluz.
De otro lado, el fenómeno andaluz se inscribe en ése más general, que es el federalismo español. Por todo ello, no es posible entrar en la génesis y el análisis de la que se viene llamando «Constitución de Antequera» sin explicitar, por una parte, el marco político e ideológico en que se inserta, y por otra, el significado global del federalismo para Andalucía. Se trata, teóricamente, desde este último punto de vista, de ensayar una primera aproximación al federalismo andaluz, considerado en su autonomía relativa, y como elemento constitutivo de la historia del pueblo andaluz. De los tres grandes vectores que componen la historia social y política de la Andalucía del XIX -el proceso revolucionario burgués, el dinamismo federal y el movimiento obrero-, el segundo ha sido el menos estudiado, siendo, sin embargo, eslabón entre los otros dos, en cuanto se presenta como despliegue radical del liberalismo, de un lado, y de otro, como antesala del socialismo, en su crítica reformista al capital. Por su ala derecha y por su ala izquierda, pues, el federalismo tocaba con los intereses burgueses y con los intereses obreros, respectivamente. Tal fue la función de la pequeña burguesía, agente principal del fenómeno: actuar de enlace, contradictorio y dramático, entre los antagonistas fundamentales de la sociedad andaluza del siglo pasado, a través de su propuesta demócrata-federal, «per se» interclasista: la «armonía de las clases» era su panacea.
Además de eslabón histórico, el federalismo es una de las claves de la identidad andaluza contemporánea. No sólo como componente histórico importante, sino también porque desde él, a impulsos de una incipiente teoría anticentralista del Estado, se inició la reflexión sobre Andalucía como unidad y como pueblo, así como sobre sus posibilidades de autogobierno. Hennessy resalta «la fuerza e independencia de los sentimientos políticos en el sur» (2), a partir de la revolución del 68. Aun antes, «La Andalucía», que sería el principal órgano del federalismo andaluz, fomenta la «unión andaluza». «Hasta la naturaleza parece convidar a las provincias andaluzas a la unidad» (3), dice en 1858. «La unión de las provincias andaluzas es una necesidad imperiosa» (4), dirá en 1860. Tubino, que ya en 1864 se presentaba como «enemigo declarado de la centralización» (5), propugnará en 1873 la confederación como forma ideal de gobierno de las provincias andaluzas (6). En Cádiz aparece «La Federación Andaluza», en 1869, y en el auge del torbellino republicano se publica en Sevilla «El Estado Andaluz». La aspiración suprema se presenta en el verano insurreccional del 73 como «Cantón Andaluz» (7). Diez años más tarde aparecerá «El Pacto Andaluz», órgano federal.
Toda una serie de proyectos, confusos anhelos y fórmulas diversas de autogobierno afloran en el Sur durante el «sexenio», en el clima federal que agita toda España y constituye la primera gran crisis del Estado burgués. En tal contexto aparecerán, lógicamente, por cuanto las posibilidades de autogobierno demandan autoconciencia, las primeras miradas introspectivas hacia Andalucía -su historia, su cultura, su papel-, de entre las cuales, a nosotros nos parecen las más significativas las de Joaquín Guichot, con su «Historia general de Andalucía» (8), y la de Francisco María Tubino, intelectual krausista (9). Aun en los largos prolegómenos de la eclosión federal, cuando los republicanos andaluces, como los de toda Espafia, se camuflan de la represión gubernamental bajo el paraguas del Partido Demócrata, creado en 1849 (10), se manifiestan ya reflexiones apasionadas sobre Andalucía, como la de Roque Barcia en su «Catón político», de 1856: «¿encontraríamos, se pregunta, despoblada e inculta una gran parte de Andalucía si se desamortizarán los señoríos territoriales, si Andalucía se perteneciera a sí misma? ...¿Qué no sería este país, este privilegio del mundo, si existiera la unidad de toda Andalucía?» (11).
Un cuadro concreto de factores explica tanto la dinámica democrática-federal en Andalucía como esas primeras reflexiones sobre su unidad; identidad y desarrollo. Culminada la revolución burguesa espafiola con la política del «bienio progresista» (1854-1856), consolidada la propiedad capitalista de la tierra con la desamortizacion de Madoz, preservada bajo el nuevo orden la hegemonía del latifundio, y puestas con todo ello las bases de un complejo proletariado agrario, la ideología democrático-republicana, a continuación federal, se propaga por el Sur, a partir de 1856, como el detonante de las nuevas condiciones sociales y políticas: clamando por el igualitarismo, a través de una ampliación y rectificación de las desamortizaciones, por la libertad, el sufragio universal, y los derechos ilegislables; condenando las lacras antipopulares de las quintas, los impuestos al consumo y los monopolios del tabaco y la sal; fomentado el asociacionismo obrero (12); predicando y practicando la insurrección armada contra la Monarquía, síntesis de todos los
males; movilizando a la clase obrera. Es la hora de la pequefia burguesía radical. Dada la extensión e importancia demográfica del país andaluz, así como la profundidad de las desigualdades proyectadas por las relaciones de producción capitalistas, sobre todo en la agricultura, nada tiene de extrafio que en su suelo tuvieran lugar las más importantes sublevaciones de las dirigidas por esa clase entre todas las registradas en Espafia desde 1856 hasta la Restauración: las de 1857, 1861, 1868, 1869, 1872 y 1873. La derrota republicana en el verano de ese último año trae, tras una fase de «cosa sin nombre» (13), la Restauración. Con ella, el Partido Republicano Federal se divide y debilita, el movimiento obrero es arrojado a la clandestinidad, y Andalucía, con su oligarquía agraria mandando en Madrid, pierde empuje entre los pueblos de Espafia, remata su desindustrialización y se desliza por el plano inclinado de la decadencia y el subdesarrollo. Paradójicamente, no en el cénit sino en el ocaso del federalismo andaluz, en ese período oscuro para el Sur, se presenta en Antequera, en 1883, el mejor proyecto de autonomía para Andalucía de todos los del siglo (14).

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